Dijeron todo cuanto había que decir en determinada turbación, los labios muy cerca, no querrían perderse el más sabroso de los segundos así. La entrega inmediata, la posesión sin siquiera separarse los unos de los otros los muslos tan tibios. Que nadie viene a socorrerlo ni a aturdir sus sentidos con frugalidad o penuria, que no se le ocurra abrir la boca ahora: te devolveré las sortijas, le narra al oído, compraré para ti otro universo que te quede más flojo, jamás te haré sangre cuando vaya a cerrarte los párpados con infinito terror, es que no consigo enmendarlo y me da mucho gusto. ¿Quién colocará a partir de hoy tus misterios sobre la tela usada? Han entregado su nombre y esperan oír lo bien que les sienta el disfraz, se miran perplejos el sexo fláccido, cuentan con hazañas indescriptibles para sosegar al más incontinente, no quieren tener que abrazarla. ¿Qué se te ofrece a ti en tal o cual enterramiento, tan poca sumisión para tanta algarabía, si nadie te ha buscado? Pasan las horas igual que torcaces, al niño de ayer le chorrean las lágrimas y no hay mejillas que enjugar, obséquiale de nuevo con tu amor, ya ya, mas quién se percata.

 

 

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