Diario de León-Filandón

Dime ahora el verdadero aspecto del dolor

30/05/2010 JOSÉ ENRIQUE MARTÍNEZ

 

Fantasía del cuerpo postrado

Luis Miguel Rabanal. Prólogo de G. Fernández Castañón. Dibujos de J. C. Mestre. Los libros de Camparredonda, León 2010. 158 pp.

 

El nuevo poemario de Luis Miguel Rabanal, Fantasía del cuerpo postrado, nos llega a los pocos meses de la publicación de Mortajas. El nuevo libro es de hermosísima factura; ya nos tiene acostumbrados Fernández Castañón a estos primores artesanos. Pero la sobriedad de la palabra de Rabanal contrasta espléndidamente con los dibujos llenos de color, luz y fantasía de Juan Carlos Mestre, que va perfilando rostros y signos acordes con la gravedad temática de los poemas, que de nuevo hablan del dolor, la soledad, la tristeza y la muerte. En torno al cuerpo del dolor, al igual que Mortajas, hay una presencia leve, "ella" que se desliza en silencio, que cuida con amor: "Ella acostumbra a besarte al estirar la sábana/sobre tu cuerpo muerto"; "Ella se apropia de tu olor y lo transforma/en charcos para salpicar la extrañeza".

 

Reaparece también Olleir, mucho más presente que en Mortajas, y aunque el recuerdo (Montecorral, Valdeluna, el Abesedo, el Sardón…) es más lenitivo que en Mortajas, no es un calmante: "detrás de la memoria, sin constancia, el mismo dolor". El muchacho que aparece en determinados poemas hay que situarlo en ese espacio en el que nació el deseo, donde "había hogueras donde ser más dichosos", donde Obdulia fue poesía y sueño… Ahora llega en ráfagas dispersas. Aquello es lo perdido. Por eso el regreso en la memoria no es complaciente.

 

La construcción elusiva, como en Mortajas, hace que nos falte el referente preciso. Captamos la idea, nos perdemos en los entresijos: ¿Cuándo el niño o el muchacho de los poemas coincide con el propio yo objetivado en la evocación?; escribe el poeta: "Pretender que el que se fue es el que nos mira": ese que se fue ¿no es uno mismo sacudido por las ráfagas del tiempo?; ¿El que nos mira no lo hace con nuestros propios ojos y no es el que "se enfrenta,/casi feliz, a la mala cara de la muerte?"; "Las tremendas palabras, las que no están", ¿forman parte de la poesía o sólo del recuerdo que no se quiere comunicar? Un libro que suscita tantas interrogaciones no nos deja indiferentes. Como indicaba en la reseña de Mortajas, nos atañe, pues todos somos y podemos ser sujetos de dolor.

 

 

-En Facebook.

En Crónicas para decorar un vacío. Gracias, xen.

En Asperezas. Gracias, Pepe.

 

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