XXV

 

De soslayo dijo,

hemos llegado a ese trecho de la vida

en que esperamos ver morir a los amigos,

pero da igual, tú atrapa la bondad del homeópata

que te lastima y véndele los ojos.

Yo habré soñado tantas veces con su helado aliento

de sutura que una vez más, la que es de veras,

ni vale mucho.

Mi cuerpo la acechaba

y le hacía un hueco entre las sábanas añiles,

tan bien me había aprendido su nombre

que era familiar su manera incómoda de apreciarme

y de sentenciar favores.

Hoy me ha tocado en el hombro

y quiere conquistarme con rudeza,

mañana se apiadará de mí y al siguiente día

será como imaginé que llegaría,

vestida de nodriza que babea

o de esplendorosa amazona de cabellos al rape,

y me dirá tuviste tiempo, el reloj se ha perdido

en el bosque de Acebos.

Y más tópicos también, se te olvidó venir

a mi aniversario con la tintura del yodo

y de la pena, es la hora del abrazo más postrero.

Cosas así se dicen con ternura.

De todo lo que sentí con el corazón

y los remedios ajenos del cariño, de ese resumen

jactancioso que nos entrega la costumbre,

lo habré extraviado ahora.

Cuándo será, en qué lugar me robarán la ropa

y las palabras que ya no descubro

y no son siquiera mías,

quién está conmigo y me coge dulcemente de la mano

y me susurra no temas, no temas, hace tantísimo frío

y nada ya recuerdo.

 

 

Último poema de "Cáncer de invierno". ILC, Colección Provincia, CX. León 1998

 

 

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