Brujerías

 

 

Yo creo que, cuando se escribe, más que explicar, se intenta expresar, representar de alguna manera lo que se siente estando vivo, la experiencia de estar vivo y consciente, la esencia. En literatura se explica cómo se expresa -el discurso, la retórica, el método, la forma-, pero no se explica lo expresado, porque en última instancia, y en el mejor de los casos, lo expresado es la propia vida; no ya la de uno mismo, sino la pura condición elemental en que nadamos como microbios. Lo mismo ocurre en las otras artes y, en general, en todo esfuerzo humano que tiene que ver con la voluntad de comunicación. La explicación es otro cantar y el meollo del último problema. El último problema. Y si se tuviera en cuenta el grado de conocimiento tan adolescente que la humanidad ostenta a fecha de hoy, la rudimentariez de su autoconciencia y que está científica y acientíficamente claro que la única manera de crecer consiste en desarrollar hasta sus últimas consecuencias y en todos los sentidos eso que llamamos comunicación, no se estarían escamoteando las cuestiones importantes de una manera tan ruin e irresponsable. Quiénes somos, de dónde venimos, adónde vamos. ¡Qué es lo que queremos!

Parecemos locos aislados que, todos los días de sus vidas, han tratado de lograrlo; luchamos como nazis por la comunicación. Es un esfuerzo prioritario. Aún somos poco más que un enjambre programado por quién sabe qué circunstancia entre el resto del elenco animal, marionetas vivas en una maraña impulsos, padeciendo tics y convulsiones semivoluntarias durante la larga enfermedad nerviosa de la vida y, encima, somos felices de poder seguir un día más: qué pasará, qué pasará, ¡qué está pasando! Fuck you!, acaso no te das cuenta de lo que cambiar la vida significa. No sabemos nada, nada de nosotros ni de ellos, de lo que está ocurriendo ahora, ayer, mañana, ¡siempre! ¡Humanos! ¡Levantaos y dad cuenta de la noche como un virus letal en una nube! ¡Sed la muerte del vacío! ¡Navegad! ¡Salid del cascarón del puto huevo! ¡Salid del puto cascarón! ¡Oh! -Es nuestro destino innato, no seáis miserables- ¡Cobardes que no amáis la vida y vivís embrutecidos por el miedo, traicionando asquerosamente a los que luchan por supervivir!, ¡deponed vuestra actitud ante el último peldaño o condenaos al infierno eterno!, ¡sin retorno!, ¡sin eterno retorno! ¡Bah!

 

 

 

David Mardaras (David Murders & the Representatives of Evil), "Terrorizer". Editorial Eclipsados. Zaragoza 2009

 

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