JUAN CARLOS GARCÍA Y DOLORES GÓMEZ

 

A menudo la vida nos trae estos pesares.

Nos quita de la voz cualquier semejanza con lo nuestro, nos pone la boca de tormenta y así no hay manera de entenderse:

tu amor será de ésos que caminan desnudos por la casa porque hoy también es festivo.

Sin embargo, a veces, tropieza uno con la herrumbre de los días y nos caemos de bruces y nos mancamos mucho y comienza la noche a desaparecer del cuerpo, como cualquier despojo.

Alguien nos observa airadamente y con delectación se masturba, el pobre.

Yo quisiera decirte que ya está bien de desastres espléndidos por hoy.

 

 

 

CLARA G. Y VANESA B.

 

Nada sabe mi cuerpo de tu cuerpo y sin embargo despiertan aún al unísono como sendos corsarios.

Se lo disputan todo, la sed, el dolor que se suda igual que si nos atravesaran los sauces los muslos, y la intriga también de haberse demorado las tres sin tocarse siquiera, como practican los muchachos al amanecer en los cines.

Nada sé de ti.

Nada a no ser esta lluvia inclemente que borra de tus pechos las mentiras escritas por un niño muy dulce, a veces sin ganas, y a veces expirando lentamente contigo.

Nada sé tampoco del monstruo que te aterra y se ha dormido por fin en tus brazos.

 

 

 

 

© 2001 – Edición digital en 2004

 

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2 comentarios en “Bocados de rosa

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