HAY MÁS SABIDURÍA en el oficio

de embalsamador, sumido en sus jugos

y en los hilos oxidados de la muerte,

que en tu voracidad por lo inmóvil

y lo adverso.

 

Acaso nos invade una vez el exantema

del orgullo, besos clavados al dorso

de la furia, se postra

ante nosotros y es cómitre sin ti.

Sucede en el precario objeto

que nos alcanza la belleza,

nuestro corazón tuvo la culpa.

 

Yo soy el espectador que se levanta

después de haberme visto morir

a manos de Dolly Haze, la breve,

un día sin prisas, sin rencores.

 

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