El poeta Martín López-Vega, flamante editor español de Vaso Roto Ediciones, reconoce a Carlos B. Alegría en una entrevista imaginaria que el viaje que más honda huella le dejó fue a Celorio: llovía a mares, era la primera vez que se escapaba de la casa, aquella tarde oscureció prontísimo… Da igual. El poema inédito es un regalo.

 

 

 

 

INTERVALOS DE QUINTAS

 

 

La ventana abierta al Trastevere,

afinas las cuerdas del violín. Me gusta

ver cómo lo haces, el cuidado con el que buscas

la nota exacta, pues es lo mismo que haces

conmigo cada vez que nos encontramos

 

–cuatro cuerdas: tensando la angustia

suenan las dulces notas de la calma.

Acariciando la melancolía afinas el presente.

El dolor y la incertidumbre sustituidos

por la calma y el placer a intervalos de quintas.

 

Tocas viejas melodías sefarditas.

Quién sabe si acaso no es la primera vez

que suenan aquí: al fin y al cabo

este era el barrio judío, y nuestra casa

lleva en pie desde el siglo XV.

 

Tú tocas y yo leo en el cuarto de al lado,

egoísta por un instante, pienso:

¿dónde está todo lo que era yo?

¿Qué fue de las arañas que me habitaban,

qué de los hondos charcos oscuros?

 

Pienso: gracias, amor, por hacerme creer

que también yo puedo llegar a ser esto,

en la tarde de agosto límpida luz de música.

 

 

 

 

 

Su blog, Yo, etc., se encuentra al día de hoy casi borrado y como ausente…

 

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