El fisioterapeuta contesta que bien, gracias.

Y que en la isla había tantos gays como los folletos turísticos y los amigos le apuntaban por lo bajo, y no tan por lo bajo. Más que en Tolosa o en Peñafiel o en Barriales, por lo menos.

-No nos vengas ahora disfrazado con montera  picona de homófobo, Ricardito.

En Santorini, en cambio, el vestido de las novias parece ser que era como más transparente. Y no digamos los dedos de los pies de los guardias.

Mientras va desentumeciendo la musculatura abandonada durante todo este tiempo, empapado en sudor, sonríe.

Pero no es sólo eso.

-Y ojo con llamar por su nombre a las siamesas pijas…

¿Se habrá enterado de algo el tipo del periódico?

 

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