13 de abril

 

Una bruma atroz y atípica nos fuerza a no hacernos a la mar. Lo cual conlleva permanecer tumbados en nuestros lechos respectivos porque las señoras, con las neblinas y la intemperancia, se preocupan de ellas mismas con duplicado énfasis. Se miran las unas a las otras, se yerguen hasta las axilas su atavío de abadesas y vitorean al Altísimo, se impregnan la palma de sus manos de saliva, de mantequilla de la Central y de leches de varón para acariciarse con arrebatos de furia desalmada orificios y canales, se besan con la deferencia de las muchachas extraviadas en el bosque que han encontrado su baya de acebo contra el enojo y, al declinar la tarde, a su lobo y señor dispuesto a serenarlas con lindezas, se embrutecen literalmente con Calisay y vinos consagrados, menstrúan en la calle y, si nos pudiésemos asomar y distinguir el espectáculo, las veríamos gozar porque presagian sus adornos que descargará la lluvia, pródiga y meliflua. Por megafonía retumba y retumba La Traviata.

 

 

 

En la página 123 de Elogio del proxeneta.

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s