PARA TUS OJOS

 

Seguro que venían de otro tiempo, como mínimo del que ya no basta nunca para haberlo perdido: árboles en llamas y la muerte que por allí rondaba llamando. Nos importaba la felicidad, tanta dicha profunda que al alba rociaba, con raros pinceles, la carne de tristeza y de angustia los taxis. A veces teníamos prisa por llegar a tus labios mayores. Un hotel abierto, una muchacha que no se acuerda de ti, el amor hecho a escondidas porque luego todo se sabe. ¿Quién te mostraba su pecho helado y las llagas tan feas por doquier? Para tus ojos se inventaron las flores del saúco, los amores muy falsos y las cinturas de avispa. O si no qué más daba.

 

 

 

 

         COSAS

 

Severamente, pero también con abundante serenidad, los amigos se han marchado para siempre. De la vida te queda su dulce matraca, y su eyaculación rigurosa. Nadie nos vio de aquella corretear buena parte del camino detrás de algo extraordinario, algo de cartón y espuma, de candor y de besos que se dan a las novias los jueves. Ahora mismo parece que va a llover y nos falta tiempo para hacer de esta tarde una hoguera triste donde quemar las horas. Nadie nos vio abrazarla tanto. Si acaso, pretendíamos buscar de soslayo un cuerpo que sirviese también para morir. ¿Por qué nadie nos dijo, entonces, que todo acabaría tarde o temprano? Hoy te duelen las manos muchísimo y alguien, para siempre, ha trancado la casa…

 

 

 

 

 

 

© 1999 – Edición digital en 2002

 

 

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