VII

Padul

 

         La ciudad no existe,

se llama de otra forma más sutil,

es humo espeso de noviembre

que borra de los desaparecidos

cualquier desolación.

Las calles se mojan de abandono

y el hombre presencia allí

su propia mansedumbre.

Sobre esta ciudad

un día

la esperanza tuvo camaradas,

amó nuestro costado con premura,

hasta fue memoria de tanta desmemoria.

Los bandidos esperan a que el rencor

mitigue las palabras,

han vuelto a darnos su desprecio.

La ciudad se llama cobardía

y vodka muy amargo

y compasión.

 

 

 

VIII

 

         Más allá de los suburbios

se hace la noche incontestable,

y el viajero con sus ojos

vacíos suplica el dolor

a quien está sobrado de cordura.

Arráncame la piel

y arrójala a los túneles del tren,

cuando la luz se manifieste y la indolencia.

Un árbol es testigo de esta dicha.

El paseante muestra su desgarro

al vagabundo y vuelve a sospechar

que es su vida el embuste

que quedaba.

 

 

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