PASEANTE DE SÍ MISMO

 

 

¿Adónde llevo yo con mi pisada

con mi patita de gozque apesadumbrado

por la diáspora?

¿En qué nieves se imprime

y añuda pétreo en sus grietas

mi pasado?

¡Échense a andar tal Vallejo al cadáver

que acucia su esperanza!

¡Váyanse lejos allá de donde caiga el disparo,

tras el montecico de basuras

que emergen de mis sueños!

 

Imprimí el sello de mis cinco dedos

saltando en juegos de epilepsia con mi mami.

Me lanzaba al aire y repicaba de gozo

al compás del grujido del volcán

para incrustarme en el barrillo.

La esperanza de volver a andar.

La esperanza de tus endemoniados juegos infantiles

con tu mami,

tu gritería en un marco de zumbidos de balas

y repetidas explosiones…

Otra vez aquí ayer, allí ahora. ¿Dónde?

Un paseo que me vuelve en mí,

al oído el crujir del grijo.

Estupor de único testigo

que se encuentre paseante de sí mismo.

 

 

 

Eloy José Rubio Carro, "Pájaro que a la noche se derrama", Centro de Estudios Astorganos Marcelo Macías, Fuenteencalada, 18. Astorga 2009

 

 

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