Al poeta Rafael Saravia, amén de editor y fotógrafo y marqués de vete tú a saber dónde,  le crece la barba con plenitud solamente los días impares: hoy no le toca. Y puestos a sacar trapos sucios a relucir, no le gustan apenas las galletas tostadas… ¿Por qué?

 

 

 

 

DESCANSEN EN PAZ

 

 

            Al final de esta reserva, donde los prelados del verso hinchen sus genitales articulados, y las falanges y los pezones choquen en ritmo anfíbraco hasta desbordar de tinta los virginales pliegos del honor.

 

            Al final del lugar donde no-ocupar supone lo atroz del vocablo pronunciado y el estertor cobra importancia por la ausencia de melodía.

 

            Al final del prisma, del cubículo invertido que nos hacina en lo convulso del mercado.

 

            Al final del pronunciamiento mayor, después si cabe del silencio erigido orgasmo.

 

            Al final de todo y sobre todo, pronunciaremos la primera de las nuevas palabras que nacerán para definir el porvenir innombrable.

 

            Será un reducto amargo y espeso que se abrirá camino en la esquirla dentada del tiempo.

 

            Sabrá estar sin necesidad de su propio concepto y asumirá el vacío como origen del llanto natal.

 

            Luego, más tarde, volveremos sin escrúpulos empapados de leteo y pringando nuevas voces y llantos.

 

            Volveremos con la certidumbre del que ha olvidado hasta el olvido mismo.

 

 

                                                                  (Poema inédito)

 

 

 

 

CARTA DE HUMBERT NABOKOV A DOLORES EVSEVNA SLONIM

 

 

                   Mi querida:

         Sería como encontrarnos en un pequeño rinconcito.

Tú, andarías deshaciendo los pasos que yo,

intuitivamente, te habría calzado en estos meses.

         Haríamos, prudentes,

los gestos heredados en anteriores campañas;

jugaríamos a ganar cortésmente,

suponiendo de cada trazo un movimiento alto,

dirigido, curtido de tiempo y reprobados ensayos.

 

         Ser expertos es lo que importaría,

el hecho sería un desahogo en nuestras referencias;

así sería el pacto.

         Tu castidad abierta, mi lujuria controlada,

los roces exactos,

un toque de equilibrista en cada curva acentuada

con aliento y yemas…

         El rincón sería, sin duda,

un aliciente a la destreza,

y la mirada,

nuestra campanilla de principio y fin.

         Así sería, lo sé.

De otra forma él y tú no aceptaríais nunca este camino.

 

                  

                            (Poema de “Desprovisto de esencias”. Renacimiento, 2008)

 

 

 

  

http://www.rafaelsaravia.es

www.versosalacarta.blogspot.com

 

 

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