(Y como no pienso darte más la tabarra hasta el año que viene, reproduzco aquí esta entrada del viejo Elogio que Crónicas para decorar un vacío publicó el Día de la Salud. Igual que en otras ocasiones, gracias, xen.)

 

 

 

LUNES 22 DE DICIEMBRE DE 2008

Luis Miguel Rabanal/Elogio del proxeneta

 

 

3 de septiembre

 

Ya se sabe que días de abundancia, vísperas del viento. Pues eso se encadena en este laberinto de las pasiones, tan portentoso y simulado, tan hecho a mi medida que aún me sorprende ver mi brío tumefacto a altas horas aportando a los amores venalidad, si cabe más, y grave fantasía, y algún que otro gargarismo. Ellas cumplieron sobresalientemente su dulce cometido del primer contacto, pero yo, una vez franqueado el tal ofuscamiento, me encojo sobre mí mismo, las contemplo desnudas y ojerosas y les doy las buenas noches. Acaso quiero una fulguración heterogénea e imposible. Sus facciones descansan de la faena más hermosa y mientras duermen acaricio suavemente sus rodillas, perfumo sus almohadas con esencia de lilas, miro que dentro de sus cuerpos no se esconda el maligno, el perverso señor del olvido y del desconsuelo. Después recalarán más cuerpos, capaces de gemir con ellas como si les fuera la existencia en ese abrazo, les preguntarán el nombre de la noche y bostezarán un poco porque afuera ya empieza a haber heladas. Confieso tener envidia de tantos mozucos como vienen a disfrutar cada noche con idéntica muchacha. Les traen flores frescas por si se extinguiese de súbito el amor, por lo demás se creen amados, perdonados, o favorables a morir porque sus muslos no puedan rodearles otro poquitín. Y hoy volverán y volverán, incluso, mañana a medianoche.

 

********

 

No es lo mismo mirar las sombras que han dejado sobre los muebles los oficios: en los relojes horas manchadas de sudor y brandy, en los cuartos múltiples toallas adivinadoras del gozo virulento y masturbado hasta saciar el apetito. No es igual mirar eso que dar la vuelta y encontrarse en el corredor oscuro a un doble que vigila, sin más, nuestros pensamientos, permuta los enfoques si le da la real gana, nos mira con repugnancia y añade anda con cuidado, amigo, te espero todavía. Hay colores ahora que convidan a reflexionar de otra guisa, la tarde que volvió a irse sin darnos nada a cambio, el ruido de los coches, triste y fluvial y monótono como los poemas asustados de A., la calle que distingo desde mi ventana, imbuida de gentes que no subirán jamás a verme y saben que el prostíbulo es un breve paraíso vedado siempre a sus resecos labios y no se lo permiten. Allá ellos. Me inclino a creer en su incredulidad y en mi menosprecio, en esa mujer cargada de bolsas de la compra que llega a su casa con un daño intensísimo de brazos y nadie la espera para abrazarla mucho; o si no en ese carcamal, de más o menos mi edad y mi estatura, que como cada mañana escupe en la acera su flema de dolor y sus años perdidos en un frente de batalla

tras otro, y se fatiga, e insulta a las criaturas que lo atropellan con sus veloces patines plateados. La vida es ese putón recién lavado y vestido de viuda en el relato Les Tombales, de Maupassant, que no perdona haber sido violada, una sola vez, por alguien que conoce. O acaso no guarde relación con este cuento y yo esté equivocado. Si es así… Hace una barbaridad que nada sé del sexador Jesús H., el recobrador de memorias…

 

 

Publicado por xen Vinalia 2:53 0 agujeros en la niebla   

Etiquetas: Luis Miguel Rabanal

 

 

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