Alguien camina cerca de ella como si se tratase de un aparecido cruel, alguien suplanta en su sonrisa el amor. ¿No somos nosotros quienes deberíamos apurar su secreto?, le inquieren. Ella querría atravesarte los ojos con leznas suaves. Ella borrará de sus venas cualquier semejanza con aquel hombre que todo lo eternizaba debajo de su plenitud torpe. Alguien, no obstante, se acerca hasta ella. Celebrarás su vulva, estiman que su piel encierra el mapa del tesoro, lo inflama con suma timidez de inmediato. Come de su boca. Sucede a menudo que nadie ha recordado lo más imprescindible, el vestido que cuelga sobre un verde denigrante, la ropa interior que se ha lavado, y para colmo de ofensas se hacía sin ton ni son la noche. Ofrécele también un precio sublime por no cansarse contigo, dile que la quieres sin que te dé pavor. No es más que su otro nombre, el de los oficios imposibles. Obdulia se estremece.

 

 

 

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