Sólo los tres en mis palabras, así concluye M. J. Romero la quinta y última entrega de su libro Azul de juego (1985-2003) Palabras las suyas para poner a buen recaudo por si alguna vez se nos ocurriera dejarnos llevar por el fastidio y la desolación. Nada que ver con arañas y moscones, claro.

 

 

 

 

 

PIERDES tu sueño

sobre la arena que ya no ves.

Te ofrezco la música de mi corazón

para tus pies cansados.

 

Él, terriblemente triste,

él,  terriblemente solo,

sabe, mudo testigo de su tiempo,

que nunca fuimos mar

aunque tuviéramos el mar.

 

 

 

 

PASEAS  por la ciudad de los sentidos

tu cuerpo.

Ausente. Ausente.

Duermes sobre nubes de fuego.

Ausentes.

Lejanas tierras te visitan

cuando duermes,

marfil y ámbar

de una tierra oscura.

Tú duermes

bajo la sombra de la magia.

 

El sueño se rompe allí

donde nunca estuviste.

El grito no se calla,

se va,

lo llevan a paredes de niebla.

Tú nunca duermes cuando duermes,

te alejas de la risa,

el dolor te lleva

al país de los muertos.

Escucha, descansa,

no llores,

veo reflejada en los cristales

tu figura tendida,

tu vientre ensangrentado,

al son de la música

mientras ella danza.

 

 

 

 

NAUFRAGAMOS,

hermanos de la misma nave,

nubes egipcias nos ciñen

en la muerte.

 

Siéntate y recoge, guerrero,

en tu reposo los cuerpos caídos,

el dios no te reclama todavía,

humo de incienso te embriaga

y te hace deliberar en la noche,

que es todas las noches

que aún no has vivido.

 

Te llega el tiempo

sin aromas de pólvora

incendiando tu corazón,

desiertos sobre el horizonte

de los sueños,

 

árboles que tocan el cielo

donde se confunde tu vista

en el dolor

de lo que no puede ser.

 

Una mirada perdida se pasea

por las mismas calles

sin luces,

algo que no comprendes

en tu reposo.         

 

 

 

 

En ninguna parte y en todas

como las esquinas, rincones

perdidos del silencio

sin lunas,

ella sobre el asfalto o tras los cristales

pequeñas travesuras de niño feliz

y los ojos más hermosos mirando alejarse

la vida sin la herrumbre del pasado.

Sólo los tres en mis palabras.

 

 

 

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