(Poco más puedo añadir hoy. Se agradece, xen.)

 

 

 

miércoles 12 de marzo de 2008

1 de febrero/elogio del proxeneta

 

 

Una tarde soleada de invierno sin más ocupación que fumar sin descanso 3 Carabelas y bebernos el orujo del Miche, el que nos dejó Xen, en vasos sucios. Lo habíamos planeado minuciosamente. Un delito factible y la mujer de K. con su atractivo nos apoyaría a solventarlo a la mayor brevedad. Fue brusco, la operación más desastrosa: K. no acertó a ocultarse en el distrito convenido, su esposa desistió de convertirse en anzuelo para atrapar a la persona pertinente, el sol nos mareaba a horas en que la sobriedad era un estorbo. Simplificando, no hubo modo de sacarle los dientes de oro a aquel títere, un tahúr de Caboalles de Arriba que transitaba por la calle Ancha sin imaginar que precisábamos su boca. Aún hoy, no sé con exactitud para qué nos sería necesaria. Aún hoy, si recapacito, me encoleriza no saber qué nos impulsó a hacerlo para, al rato, desistir y obrar como dios manda. Honestos, quietecitos, agrestes horteras de café cortado con tostadas…

 

********

 

Tal como apuntaba ayer, la noche tuvo alas para ellas. Yo me animaba a no perder de vista la apoteosis, inalterable en mi mecedora y pendiente de algún libro maligno, de los que nadie en su sano juicio recomienda a nadie, recogido hasta el extremo de saberme rematadamente solo y disponible por si mis alucinadas doncellas me gritasen. Virginia se acercó a las carreras a suplicar con grandes aspavientos, pues únicamente ella es mañosa en atontarme, que me apresurara a calibrar las proporciones insólitas del pedúnculo con el que se relamía nuestra fatigada Laura. No hay palabras para expresar mi angustia, o era insana envidia lo que sentía yo al poder corroborar cuanto Virginia, siempre tan atenta, me señalaba en el gabinete del bruto amor. Un portento lo del hombre, una fehaciente envergadura para toda la vida delirar, y volver a delirar, con ella, o para chinchar a los amigos en equis circunstancia y territorio. Calculo setenta y tres centímetros de miembro convulsionando su despoblada y trémula matriz. Al completar la revisión me invadieron sudores, calambres, cefaleas.

 

 

 

 

en el ya mítico (perdón por el palabro, pero no es una muletilla, ahora que el médico me ha quitado las mismas, joder, con lo bien que se volvía mamao, seguro de un punto de apoyo con el que hacer culebrillas bajando la calle ancha, esa misma en la que el “Eulogio”, ese alquimista de las bajas y profundas pasiones que nos apasiona aquí y no sólo en esta niebla, y digo alquimista pues sabe bien que el ser humano tiene oro dentro aunque a veces haya que profundizar bastante y no sólo de boca que de esos conozco ya a demasiados que suben y bajan esa calle ancha por donde ruedan hoy sus vástagos y mañana seguirán rodando arropándose en sus vómitos de canela pues me dicen que es época de matar judíos después de comerse unas buenas judías que, como es costumbre de la tierra, pa trasegarlas hay que echarse al coleto el mejor redbul o desengrasante jamás inventado que es el orujo que las alas ya te las da el efecto reactor de las mismas que hace que, a veces, en este pueblo se siga el rastro de la parroquia de bar en bar por esas movidas escatológicas en los cielos del Húmedo que tienen como fin la hermenéutica de las lágrimas de nuestro interior depositadas en unos gallumbos marianos) Elogio del Proxeneta queda un rastro del paso de este que firma y que reconoce que el orujo que priva le priva… pues soy un buscador de esencias y no hablo ahora de esas que ya dejaron su rastro unas líneas parriba y en el orujo y con el Eulogio consigo eso…

 

creo que es una de las mejores novelas que se pueden leer, paso a paso, en estos momentos y medios y el que firma con su rastro en la niebla se enorgullece de aparecer en ella y no dejar ni rastro del orujo…

 

gracias LM

 

 

 

Publicado por xen Vinalia 0:59   

Etiquetas: Luis Miguel Rabanal

2 agujeros en la niebla:

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2 comentarios en “Xen y Eulogio, cogidos de la mano, entonan cancioncillas

  1. Luis Miguel,
     
    Pues esta cancioncilla me suena muy bien.
    Tener sus dos voces, cogidas de la mano, es como la brutal y magnífica combinación del blues y de la niebla.
     
    Un abrazote desde acá.
    Carla B.

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