(Cuando Cronicas para decorar un vacío en la niebla parecía despedirse publicó esta entrada de Elogio del proxeneta, “13 de diciembre”. Afortunadamente no era más que un hasta luego breve. Gracias, xen.)

 

 

 

 

17 Dic 2007

 

 

Sin las toses abruptas y calamitosas no sobreviviría. El frío resuena con pisadas execrablemente lentas, sin embargo no tarda en acercarse y se disputa los huesos de mis manos, se nutre de mi inmovilidad y me horada con premolares amarillos. Ya lo sé. Que cuando yo falte nada de esta caligrafía se librará del humo. Qué mejor estímulo, para el frustrado anciano, que presentirse arrancado del cuaderno que la irrealidad le iba garabateando con dedos temblorosos. El frío es el cuerpo que examino junto a mí: tan vencido en incontables guerras y tan ausente que ignora la voz de la embriaguez como estampa de un problema más. Patético individuo aterido a medianoche apresando en su zaguán la sombra extraviada de una momia; que mira la luna sin arrobo porque una vendedora a domicilio de jabones contenta y soñadora se toca el pecho que, no en vano, pertenece a un príncipe majaderamente sátiro; que conversa en soledad con alguien invisible, fantasma o remembranza o prejuicio, y babea con exceso y padece incontinencia urinaria para colmo. El frío se aproxima de puntillas a sobrecoger mi impostura. No estaría mal contar con “ellas” para no expiar tú solamente. Que renuncien a su amor correspondido y acudan a sanarte de inmediato, a curar los labios morados e inservibles, a reanimar la pierna rígida e incompleta que le sobra a tu grandeza, a frotar este borde sensible de la cama aunque sea tarde y no crezca nunca más y estás jodido, o a asegurarse de que los ojos aún se mantienen abiertos a pesar del montón de lágrimas que baña tus mejillas. No es un error, no es tampoco un malentendido que añadir a la tragedia. A nadie impresionas, viejo embustero y verde, a nadie le incumbe tu dolor ni tu derrota. ¿Cómo discurrirías el final? ¿Atroz y melancólico exabrupto? ¿O una señora, aparentemente entregada, desnuda en tu yacija, que escupe rabia a tu rostro desleal e irreconocible? Pues que la vida es eso, el frío que invade la conciencia y nos sitúa en un paradero diferente, finjamos seriedad. Ingerir en una noche todos los barriles de cerveza, o de hiel. Amar todos los cuerpos de un abrazo y luego recostarlos en los andenes con neblina. Saberse solo y entender de súbito que ya no quedan horas para cuanto queremos destruir. Deletrear sin palabras pedazos de memoria y perseverar ahí, perseverar aquí, postergando el minuto del tormento. El que impacienta al principio, levemente, si acaso un poco al respirar.

 

 

es la ostia, LM, la hostia puta el eulogio

 

Publicado por xen Vinalia 22:35 0 agujeros en la niebla   

 

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