Azul de juego (1985-2003) es la última recopilación de la poesía de M. J. Romero. Si ya, en su momento, Carlos B. Alegría, en la antología “Minucioso desorden. Poesía española no tumefacta”, fue capaz de argumentar a favor de esta manera de concebir su escritura, a saber, gusto por el discurso casi fragmentado en la senda de Marguerite Duras o por el levemente torturado de Virginia Wolf, por traer a colación dos grandes nombres, preferencia por la desolación pero sin enormes mayúsculas, poemas recónditos y grises y llenos, sin embargo, de color… no voy a ser yo quien, con mayor o menor bagaje teórico, le contradiga. Es a ti a quien le toca ahora disfrutar, o no, con este puñado de poemas. Habrá más otro día de la misma colección.

 

 

 

NO siento nada

pero no es la muerte,

pensó ella.

La muerte llegará después,

cuando se haga palabra

y silencio.

 

Cuéntame un cuento,

el cuento más largo.

 

Ya no muero en tus brazos

ni en tus ojos

ni en tus pasos,

muero en la sombra de los otros,

en el recuerdo de los otros,

alargados pasillos

que sólo devuelven dolor.

Y tú no lo sabes.

 

Una escena

para gesticular la ira

sin tocarte,

una escena de guiñoles.

 

 

 

TIRO mis palabras al aire,

surco así el espacio

y me adentro en tu sueño,

trazo las líneas que sueñas,

mis dedos en tus labios

y desconoces

la irrealidad del rito,

pero aquí está la vida

y  allí no hay nada,

el humo del pasado

como niebla.

 

 

 

AL anochecer, entre las lilas,

se oye tu voz

color de juego,

las frases no se rompen

ni la voz en

ni las miradas.

Hay un entendimiento

más allá

de la luz de la noche.

 

 

 

ALGUNAS personas

no se mueren nunca

ni se apagan en los días,

transcurren con nosotros

 

como sílabas.

 

 

 

HAY una angustia que acaba

cuando llega una hoja escrita,

un renacer

en los gestos de la noche

que ata los sonidos

imposibles del día,

una casa en llamas

 

a la que sólo es posible acceder

en la madrugada

cuando el mar nos refleja

como islas.

 

 

 

INVENTAR días de luz

y que la música de los sueños renazca 

incluso en la ausencia de lo que somos.

 

Alguien dijo 

que nos daría sus tardes más azules,

se fue dejándonos

ajenos 

y más perdidos

en la oscuridad.

 

 

 

CREO que era una piedra

de ojos

mutilada por el viento.

 

 

 

EN la huida

no adquirimos el discurso del poder.

No perdimos

lo que no tuvimos

nunca,

aprendemos el matiz de la ternura 

coronada de infancia.

 

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