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Aguamarinas para el recreo

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Guardar en el cabás
el nombre de los difuntos,
te visitan a deshora
como las nevadas,
salía a tu encuentro
ayer la melancolía.
El pupitre de entonces,
extraviaba la niña los labios
y escucha promesas,
a menudo no te explicas
cómo se amalgama
tantísima desazón.
Pudiera ser hoy
la tarde sin merendar
en La Arenera.
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Publicado por en 24 febrero, 2012 in Entretenimiento

 

Un poema de Olga Bernad

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MILICIANA

Voy a quemar el pueblo y sus iglesias.
Voy a descerrajar todas las casas,
los cofres, las malditas celosías
por donde llueve luz sobre las celdas.
Y voy a ajusticiar a los soldados:
los pondré de rodillas y de bruces,
los amaré hasta que se acabe el día
y les haré creer nuevas mentiras.

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De “El mar del otro lado”, Isla de Siltolá, Sevilla 2012

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Publicado por en 21 febrero, 2012 in Las citas dichosas

 

Ars poetica

Los políticos se empeñan en compensar nuestras necesidades más viles con las incoherencias de sus hijos pequeños. ¿O no? Da igual, jamás nos cansaremos de decirles adiós en los trenes como si se acabaran de buenas a primeras los botes de ajos, las calenturas y las fornicaciones tibias. Incluso, llegado el momento de la verdad, le facilitaríamos amablemente al salteador profesional de caminos las barras de labios para los sabios informes: los políticos no se lavan muy a menudo las ingles, ni se cosen el botón de la camisa nueva, ni siquiera se encaraman al escalón de arriba para dimensionar la preclara catástrofe. Son así de avizores, son así de cencerros.

 
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Publicado por en 17 febrero, 2012 in Los responsos

 

El amor implacable

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Has de volver por si acaso, por si no fuese excesivamente tarde y se apiadara de ti el amor como de aquella lo hacía. Eras tú quien de continuo lo ordenaba, también el desvelo, también el tedio mayúsculo y la repulsión terrible que de cualquier manera te ayudaba a vivir. No volverás a recordarlo, pero no estás seguro. Se trataba de esperar a que los cuerpos terminaran contigo y con él para no regresar nunca. ¿Quién era el sujeto de otra duermevela, el enigma iracundo de la soledad consumada? ¿Quién se desnudó para ti y se volvió oscuro el personaje y dulce y escabroso? Parece que la vida se posó en tu hombro con sumo cuidado y era cierta la luz.

Quiero ser yo el que disponga las oxidadas piezas del
juego.
Siquiera las del juego fatídico, el azar que no es
azar ni una espina clavada en el bulbo
raquídeo, cosas livianas del abatimiento que ocurren
al querer dejar de ser real y promiscuo y
verdadero.
Una noche cualquiera, sin luna y sin ningún tenebroso
rumor esporádico, una noche triste, de las de ponerle
manto de púrpura y procesionar tras ella.
Una noche de ésas podría suceder.
La muerte no sería constantemente la señora en
harapos corriendo por la calle en busca de su
jaculatoria y su amante.
Yo mismo le besaría los labios en todo su apogeo para
después arrojarme a cualquier túnel ardiente y estéril.
Qué asco.
Quiero morirme.

Bla bla bla.

Tendría que acordarme.
Debería ser digno alguna vez y acordarme de eso, por
lo menos de eso.
Es decir, de tanta paciencia como habitó en tu carne.
Los dos repitiendo los signos más crudos de la
abnegación, como los leprosos aborrecen la noche
porque allí la lluvia no es serena, no reconocen ya al
amigo, o la matriz de sus muchachas es
persistentemente turbia.
Los dos ardiendo porque si no nadie nos vería
ocultar, el viento más frío o tu boca en mi boca.
Tendría que acordarme de mí entre tus brazos y
negando toda su rudeza al placer.
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Publicado por en 14 febrero, 2012 in Los buenos propósitos

 

Vídeos de primera 14

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LA CASA VIEJA I

La melancolía sube todavía la escalera de la casa, se extiende en comprender el murmullo irremediable del caos, se aparta para siempre de ti de un solo abrazo, se disgusta por nada, hasta es feroz. Quienquiera que fuese el extranjero, aquel joven personaje que vivía sin del todo vivir, tan a sus anchas que aún sonroja su ausencia, hoy se hace arduo equivocarlo en una siesta que no te pertenece. Miserables, nosotros, que sufrimos a voces la calamidad y el desánimo. Y después vienen tormentas a entorpecer la noche, cuando uno se cree desesperado o mudo, y pasan mujeres sin medias a tu lado y las palabras se borran.
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(C) Luis Miguel Rabanal
La casa vieja, 2002
Voz: María García Esperón
Música: L. Einaudi
MMXI
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También aquí.
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Publicado por en 12 febrero, 2012 in Los recordados, Videos

 

Cult Movies. Películas para llevarse al Infierno

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ANTICRISTO
Lars von Trier (2009)

Densa, claustrofóbica e inquietante, Anticristo, la penúltima (hasta el momento) película del maestro Lars von Trier (para algunos su testamento cinematográfico), es un ejercicio impecable de oficio y estilo, impresionante desde el punto de vista estético, brutal y tremendamente impactante.

Denostada no obstante por muchos, Anticristo se aleja de la imaginería habitual de su director y de varios de los postulados de Dogma, desarrollando una historia de terror psicológico que eriza la piel y adentrándose con una elegancia nunca vista en el terreno del horror y el gore.

Todo en la película, de principio a fin, es puro desasosiego: la naturaleza amenazadora y hostil, los animales del bosque (un zorro arrancándose a dentelladas las vísceras, una cierva arrastrando la placenta por la vegetación, un águila devorando a su cría), la asfixiante atmósfera, la sensación de tragedia inminente, la fotografía brumosa y onírica, los planos distorsionados…

Quizás, como algunos han dicho, Anticristo sea un film pretencioso, un paso atrás en la carrera de Von Trier, un catálogo gratuito de atrocidades y fobias, etcétera, pero no cabe duda de que estamos ante una película magistral y el legado de un genio.

Para videar una y otra vez y descender sin paracaídas a los abismos más abominables del cerebro humano.

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Vicente Muñoz Álvarez, “Cult Movies. Películas para llevarse al Infierno”, Pictogramas de Julia D. Velázquez, Epílogo de José Ángel Barrueco. Eutelequia/Narrativa, Madrid 2011
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Publicado por en 10 febrero, 2012 in Libros

 

A la que falta 6

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El niño cuchichea al correr con su sombra y sonríe. Ya no aparenta más que conduce un camión. Han mermado las tardes y las manos se hielan deprisa. Se conoce que tiembla al pasar y que se asusta y que no se hace grande. Es por eso por lo que ella le canta. Hasta que un día las canciones o el ceño se fruncen, no llores. En las callejas se escuchan patrañas, han visto a un hombre entregarse. A continuación de los vasos vienen los guardias y traen las pistolas. Cada cual porfía en no desenmascarar al contrario, no se te ocurra ni hablarme, aparta de aquí. La mujer que calla es la mujer que confiaba en nosotros, ningún bocado para ella, con bastante furia le tendrán que acabar confesando el despiste. Es el pasado, se adentra en el bosque y se desvirtúa la vida por pocas pesetas. A la zaga de ellos se escucha el acordeón de Salvador. Yo me aferraba a su vientre y era el raposo del cuento: insisto, todo da vueltas si vienes de un confín del mundo donde la sangre es oscura y ha llovido tan sólo una hora. Aquel personaje estrafalario y su disfraz, aquella chiquilla y su merienda de membrillo, se vuelven de espaldas y nos muestran a continuación el loco deseo. No mires atrás, no vayas a pregonar por ahí que la quieres.
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Publicado por en 7 febrero, 2012 in Los buenos propósitos

 

Poema para leer subido a un avellano

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MALDITA MALA SUERTE

Deja que la noche te abrase la memoria
una y otra vez y te encuentre muy despierto la voz
que nunca más has escuchado.
Figúrate que cumples los mismos años hoy
que ayer colmabas,
y que es tu fotografía la imagen que te restituyen
las olas turbulentas de ese espejo.

No creas todo lo que a menudo refieren
de ti los ebrios amigos del inútil pasado.
Tampoco finjas excesiva alarma en tu desesperación.
A veces es preferible dejarse de bobadas
y contarse a uno mismo las cosas tal y como fueron.
Las llamas horrendas de Losorrios, aquella niña rubia
de corazón tan desmesurado y en Montecorral
la necia servidumbre de lo oculto.

Cosas inocentes que ahora semejan la bondad
del pordiosero cuando cae, ya rendido, ante tu puerta.
Sobre tu lecho el terror o su sombra engañosa
y malévola se sacian nuevamente
y de verdad que estás jodido.

Lástima de no haber quedado allí de aquella,
cuando llegaron los muchachos
a orinar sobre tus sábanas,
a disgustarse contigo porque la noche
carecía aún de lujuria, aún de calor, aún de desprecio.
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Publicado por en 3 febrero, 2012 in Entretenimiento

 

We are the… paquitou of chocolateiro

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(La jornada de erecciones generales del pasado 20 de noviembre terminó como todos ya sabemos de sobra. Alfonso Xen Rabanal se puso a escribir al día siguiente un texto memorable que reproduzco aquí para celebrar, entre otras cosas, el susodicho descalabro…)

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hala… todo gris y azul… el gris de los cabellos teñidos y de las ideas que dice profesar el ganador y el azul que representa su política y la del que no salvó ni a las ratas del hundimiento, escenificado por la espiral descendente de la “s” y de la “o” que buscaron como salvavidas y, tarde, se dieron cuenta de que para meterla doblada sólo les quedaba la P, y para eso ya están los otros…

¡Ay! Miña terra galega, todo gris: el cielo gris, las ideas, y la tierra gris de ceniza.

Parece ser que no somos capaces de abandonar ni la niebla ni el blues… eso es lo que los españoles hemos votado y, como los próceres electos predicen, que nadie se sienta engañado, es lo que nos espera de unos y otros: griseza, grisú para los pulmones de los siempre y amargura, la que da la mediocridad de un país que se ha vendido a los intereses de los mercados que no tienen patria, y así lo han reflejado en esa carta trilera que llaman constitución.

¡España unida, jamás será vencida! Gritan.

Quizá por eso el otro agarra del cuello a su consorte, cara de mujer que parece empastillada hasta el tuétano, y le estampa un bico que no se cree ni el apuntador que, supongo que a sus pies, parece que le ha recordado al prócer que tiene una mujer que ha de salir en la foto… con el cuello forzado y la mirada perdida.

Pero todo en un segundo plano, pues el primero lo acaparaba la hija predilecta de los bilderbeg… sin entrar en teorías conspiracionistas.

Unidos, sí… todos arrodillados exponiendo el culo como buenos vasallos de las agencias de calcificación y de los bancos unidos… Unidos… todos de la manita escenificando el Paquito el chocolatero…

La alemana abre con el francés oliéndola el culo… el italiano expulsado en la barra, mamao… el griego que se fue a por hielo que su copa está que arde… y el inglés, como siempre, cambiando el paso… Todos unidos en el corralito bananero, ¡eh! ¡Eh!

¿Eh?

De Crónicas para decorar un vacío en la niebla.

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Publicado por en 31 enero, 2012 in Las citas dichosas

 

Vídeos de primera 13

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El desamparo era un mastín que ladraba
siempre a las tres de la tarde.
No sabía aún el viajero
de la tenacidad de ciertas ortigas
que pudren las manos después del amor.
Los faroles hablan de un tiempo
que ocurrió sin más intervalo,
de escobas ardiendo en Montecorral
como un suspiro en las piérgulas de antes.
Algo pasaría en ese paraje ignoto
que ahora se cumple.
Los afiladores traen la muerte
en sus coderas de badana, los niños
ni siquiera se asoman al sol de marzo.
El viajero eres tú
y la desolación escucha tus latidos.
No, no debes volver.

(C) Luis Miguel Rabanal
Voz. María García Esperón
Música: L. Einaudi
MMXI

En Escrito en Olleir.

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Publicado por en 29 enero, 2012 in Entretenimiento, Videos

 

Un poema de Horacio E. Cluck

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ESTA LLUVIA que recorre caminos
e invade la vida de charcos serenos
no debe preocuparte,
aunque sólo fuera por hacerte reflexionar
sobre cuanto atesorabas un día lejano
en la memoria pero que hoy lo vistes
con ropa de domingo,
también para el barro, y dispones
de ayer en adelante tu diferencia.
Amor mío, no tendremos lugar nunca
más hermoso que la luminosidad
después del aguacero, esa tierra
empapada y tuya que guardas
con firmeza.
Miras el cielo y reconoces
haber pasado por allí una tarde,
con el corazón desvencijado y puro.
Qué carta más triste esta lluvia
que atesora la aulaga.

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Publicado por en 27 enero, 2012 in Las apropiaciones de vidas

 

El cobijo de una desalmada

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UNA HOJA SECA

Vuela ante los ojos en una danza que desconoce
la rígida pesadez de lo corpóreo;
cruje, crepita y se escama en la turbia fiesta del aire.

No es sensible a su desamparo marchito.
No es consciente de su falta de savia.

Bordea los perfiles que la retan,
salta ante las fauces que se despliegan
al abrirse los cándidos labios de una ventana,
remolinea a escasos centímetros del suelo,
indecisa al rozar lo que la turba,
orgullosa de resistir tanta inclemencia.

Corre, vuela, respinga y se pierde para siempre
en el basurero mustio de cualquier jardín agotado,
en la alfombra estridente que se espacia aterida,
áspera y temerosa de los pasos inflexibles que la ignoran.

Sepultada en la maleza, se olvidará de sí y de los otros.
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(De “Cuaderno de otoño”)
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De Isabel Martínez Barquero en su blog.

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Publicado por en 24 enero, 2012 in Las bitácoras

 

Como unas castañuelas

 

1

Esquinas tristes de las horas. Esquinas muy tristes de las horas. Manos lavadas para aplicar el rito desolado de la diferencia y de la discordia. Y si no, decirle a quien corresponde que nada es como tendría que ser. Crece tu soledad hasta límites extraños, no escribes más.

 

2

La úvula aquella, casi al triple de su estructura normal, ahogándole. Fue la culpable del regreso a Urgencias. Nada apoteósico, bien es cierto. Solamente sed, sed, sed, mucha sed. Y la misteriosa fiebre, en tanto ellos porfiaban con él, conversaciones extrañísimas con sujetos desproporcionados, lindas estratagemas. Una vez más cayendo en la trampa de la pésima memoria y de su fúnebre música, él quiere dejarlo, quiere escribir su anotación diaria sin más requisitos que los imprescindibles y se le acercan las voces, se le pegan las risas a las sábanas sudadas de entonces. Pequeños paquetes de hielo en sus axilas. A los pocos días seguía sin poder tragar, no siendo el nauseabundo suero que le daban como si se tratase de una fantástica limosna, único consuelo para la boca seca que ya no era boca, ni era nada, y ellos proseguían con su bárbaro afán, decir y desdecir sus palabras bien en alto y las otras, escuchar sus reproches de día y de noche sufrir.

La úvula aquella, aparecida nadie sabe cómo, ni a consecuencia de qué, una madrugada, asustando con su exagerado tamaño al joven e imprevisible médico del ambulatorio que acudió a contemplarla para, acto seguido, subir a la ambulancia con todo ello y, hala, derechitos, rumbo al infierno.

 

3

Sobre el silencio una pátina de bruma, un árbol caído, como partido por un rayo, en el barrio de Abajo. Sobre la bruma un lugar que para nada coincide con aquel, niños asombrados que bostezan, pero también niños en la procesión sin su carraca. Sobre los niños, muerte. El tiempo, ese destrozo, ha pasado sobre ellos dando tumbos, gritos, y golpes y más golpes.

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Publicado por en 20 enero, 2012 in Las apropiaciones de vidas

 

Efraín Huerta

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VERANO

¿Qué soledad, qué muerte me destinan
la quietud, la sedante, cariñosa tristeza
donde nazco y perduro?
Nada sé, nada saben, nada sabe.
Nada se sabe al fin de tanto y misterioso
ir y venir de largas pesadumbres de hielo.
Nada se sabe aún. La milagrosa
lluvia de este verano
es callada, y me duele
la cruel melancolía.

Y nada se sabrá.
Los hombres nunca saben
el por qué de la angustia,
ni cómo una magnolia
-esa bestia de mármol inocente-
y un clavel se estremecen
cuando los besos cobran
magnitudes celestes
y sabor de piedad.

Nada puede saberse, no hay remedio.
Los hombres nunca saben
cuánta dulzura y cuánto
quebradizo silencio
hay en una palabra,
cómo es bello llorar
con las lágrimas vivas
y la piel en descenso.

Por eso me pregunto sobre la soledad
y sobre la tristeza: hadas, malignas
rosas, delicados, sonrientes
jardines de veneno.

(1958)

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De Poesía 1935-1968, Joaquín Mortiz, serie del volador, México 1968
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Publicado por en 17 enero, 2012 in Los homenajes

 

Poema para leer en el momento justo

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ESCRITO EN OLLEIR (y van…)

A la mañana le sucede una luz que tibiamente empapa
la memoria o su vértigo amable,
gritan los gorriones su rémora definitiva
y hay flores rojas que dejan perplejo al hombre postrado.
Desde su cama revuelta presume que el mundo tiene un nombre
como éste y quiere, sin más, decirlo.

Algunas veces es suficiente con haber paseado
el camino de La Urz y escuchado la música ruin y dulce
cerca del roble similar al desánimo.
Él trama entonces una nueva historia
sin personajes apenas:
la anciana Rolindes, el niño que fue detrás de las fejinas,
y la muerte, estúpida noria, que a todos da vueltas.
Si espera un poco más hasta encontrará petróleo.

Si espera un poco más habrá llegado
al húmedo paraje donde sobreviven las fieras heridas
y algún amor de ya teñidos cabellos.
Acaso la tarde es un fugaz cometa al que no le importa si viene
o se va, si es náusea o estratagema del mal profundo
de ese cuerpo tullido que agradece tanto
el fresco de las ocho.

Aquí, por lo demás, se acaba el tiempo.
De modo que si canturrea le contestan cigarras
y hay escondites donde los desertores permanecen atados aún,
y después llueve inmensamente y nos da mucha risa
verle escribir haikus como un loco muy loco.

Alguien ha de morir en esta desolación, quién sabe.
No aprobar la desgana que celebra también es fastidio.
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Publicado por en 13 enero, 2012 in Entretenimiento

 
 
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