Tabula rasa

Soy una gota de nostalgia,
la gota que oculta una tormenta.
Me disfrazo de niña y te confundo.

Mi sigilo no es sincero,
la verdad hace tanto que no existe…

Quiero ser la razón de una tripa del revés,
la esquirla de un suicidio,
el tropezar del sistema,
la autenticidad de la angustia.

Quiero ser feroz,
y resbalo por cristales podridos.

Soy síntoma de charco y peleo por elevarme y volver a caer y subir de nuevo y saltar
y ser luz en aliento del aire.

Quisiera romper y me atrapo,
quisiera llorar
¿cómo es la morfología de la lágrima de una lágrima?
mi grito es apenas perceptible.

No vas a acabar conmigo.

Del pasado rescato una caricia algodonosa,
el fundamento de un amor inexistente.
Mi futuro es el óxido.

Destrozo tu mandíbula.
Soy y quiero ser otra.
Llueve inconexamente sobre tu soledad.
Ya no hay remedio.

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Nuria Ruiz de Viñaspre y Ana Martín Puigpelat, “Tabula rasa”, La Garúa Libros, Poesía, Madrid 2013

En Cuaderno Ático

Cuaderno ático 1

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MARGUERITE DURAS SALTA A LA COMBA

Muy pronto en la vida es demasiado tarde.
M. D.

Las poetas escriben sus poemas con la mano
derecha mientras que con su mano izquierda
acostumbran a llevar a los niños al colegio,
a empanar el filete, a asistir en el parto a la golden
más tierna, a masturbarse con bastante lentitud
y, en ocasiones, sólo en raras ocasiones,
se aventuran a consultar el saldo
de sus pocos delitos.

No es erróneo en absoluto aseverar
que las poetas no se sepan el título de sus poemas
de carrerilla, ni que hayan descubierto el equilibrio
inasible que los demás han cantado
y contado a las tantas.
Tampoco es cierto que sufran las poetas
de dolores agudos nada más arribar a las islas
en submarinos esotéricos, biliosos.

Las poetas se visten con la falda de raso
del lunes y beben el café de las ocho
con torreznos suaves.
El poema está listo.

Las poetas (españolas) no juegan al frontón
casi nunca.

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Parte de mi colaboración en Cuaderno Ático, Revista de poesía, núm. 1, primavera 2013, cuyo director es Juan Manuel Macías.
Si te apetece, aquí puedes leerla.

http://issuu.com/cuadernoatico/docs/cuadernoatico_1

http://cuadernoatico.com/index.html

Si pudieras probarlo

Portada fantasiagrande

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V

Si pudieras probarlo, la ínfima hiel y su narcótico.
Se apresura a llegar,
cuando menos agradece la perfecta asimetría.
Es bondadosa y no estorban ya sus lecciones.

Se graba en mi frente
como en la corteza calcinada del árbol.

Tienes razón, se contrae en tu cuerpo
la estratagema del que no le incumbe gemir
y no ha vuelto a nevar,
no como el día que murió con nosotros.

Muchachas…

Muchachas asoladas,
sentadas al borde del tiempo
y fumando a ciegas su pitillo.
De nombres imposibles
y con senos puntiagudos
hablaban de un hombre que sin tardar
vendría de mañana a poseerlas.
El ansia hirió sus labios una vez
y las caderas sobraban,
y así tampoco eran dichosas.
Desde aquel día dibujan
sobre el aciago cristal promesas.

Tres poemas de Laura Giordani

Viaje adentro, al fondo, a ese barro primero
solícito para las manos, los algodones
tendidos en coincidencia con la herida.

Lo blando: refugio de las aristas
que nos duelen.

Viaje por los corredores
de la sangre, el andamiaje de calcio
que nos alza en rebeldía incesante
ante la gravedad.

Para ser polvo encendido en la frente
de algún dios, reconciliación
de puntos cardinales, fervor
que nos eleva a esa colina
desde donde podemos ver
la infancia que nos aguarda.

[Viaje adentro]

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Decir mejor el vuelo para mañana
mientras se seca el pájaro.

[Instanticidio]

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A dónde van a morir
los pájaros, sus pulmones
calcinados de vuelo por qué
sumidero celeste o anti-nido
se fugan, desde dónde
esa caída de estrella
discreta como la muerte.

Cielo y tierra se tocan
porque existen ellos
trazando esas líneas
invisibles que unen la sangre
al relámpago, la garganta
a la lluvia, las plegarias
de la madre al desastre
inminente.

Qué ciudad de hormigas
reclama su sombra, qué
viento se lleva sus huesitos
blancos, naufragados en la altura
hasta hacerlos transparentes.

En qué momento de nuestra ceguera
se desploman.

[Pájaros]

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De su libro “Noche sin clausura”, Ediciones Amargord, Col. Candela, Madrid 2012

La fragua literaria leonesa en Diario de León

Por Manuel Cuenya

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Alguien llegó a decir que Luis Miguel Rabanal es la “conciencia de La Omaña” -esa tierra evocada con morriña por el poeta-, que decidiera rendirle homenaje, dedicándole una calle en su pueblo natal Riello (o sea Olleir, vuelto del revés), “que viene a ser algo así como derramar una nostálgica lágrima por la revolución que no pudo ser –según el escritor Luis Artigue-, o encenderle una simbólica vela a la inteligencia y otra al ingenio”.

Con buenas dosis de humor y sensibilidad encara la vida (y la poesía) Rabanal, un poeta nacido en la bella y acaso desconocida Omaña leonesa, aunque por circunstancias vive, desde hace años, en “el Principado de Mónaco, perdón, en el de Asturias”, aclara él con socarronería. “No conozco mejor pueblo que Riello para haber nacido, así como ninguna otra ciudad mejor para añorar Olleir que Avilés”. Y es que Luis Miguel Rabanal es un cachondo que escribe con voz profunda sobre su paisaje, que ya es territorio literario, y sobre el imposible regreso a su tierra natal, que se ha ido perfilando, con el paso del tiempo, en uno de los temas más habituales o recurrentes en su obra. En cambio, “cuando vivía y escribía en León, y posteriormente en Riello, mis temas literarios eran de lo más variopintos, poesía amorosa, seudovanguardia y lindezas similares”, apostilla él con ingenio, que no acaba de tomarse en serio que la poesía es su forma de estar en el mundo, su modo de vida. “Hoy por hoy ya no lo tengo muy claro. O sí, depende si el día lleva o no lleva “r” –explica con ironía- Mi único modo de vida es estar pegado a una silla de ruedas. Poesía pura, sí señor”.

Como es lógico -suponiendo que la lógica exista en la vida-, Rabanal prefiere no hablar de su accidente, que lo dejó tetrapléjico, “no por nada en especial –se mofa-, sino por lo chabacano que fue el pobrecito”, lo que sin duda ha marcado un antes y un después en su vida. “Antes, entre otras muchas cosas, podía escribir. Después, no. Ni escribir, ni nada. Eso sí, me las apaño con un programa informático de voz que hace conmigo lo que le da la gana”.

En cualquier caso, su decir poético resulta casi siempre revelador a la vez que emocionante -léase por ejemplo Un poema de amor, colgado en su web: http://www.luismiguelrabanal.tk – para los lectores (y lectoras) que se acerquen a su obra. “Trato por todos los medios de que mi poesía no se sirva fría. Quisiera creer que no le deja indiferente el trago. Mejor el asco que la indiferencia, que decía Horacio E. Cluck”, concluye Rabanal, quien confiesa haber disfrutado mucho leyendo literatura erótica, sobre todo a los anónimos ingleses y franceses de los siglos XIX y XX, “la colección de La sonrisa vertical ayudó a ello”, y también con el descubrimiento del colosal Henry Miller en los 70. “Después muy poca cosa”, añade el autor del erótico Libro de citas.

Cuando uno se acerca a su auto-biografía, descubre con sorpresa que Rabanal se autodefine como poeta rojo, esto es bárbaro, tal vez porque “cursó estudios de Liturgia y Onanismo en diversos centros especializados a los que, por desgracia, no pudo prender fuego en su momento”. Así es y se nos muestra, a veces indignado, y casi siempre cercano, juguetón y humorístico, capaz de hacer lírica, como los grandes, del dolor. “En un principio pensé autoproclamarme poeta cuatrimestral o ecuménico de noche, incluso quise ser poeta deambulante, pero preferí el de rojo por el acentuado colorido de la bandera de mi salón…”

Salta a la vista que a Rabanal le entusiasma jugar con las palabras, que en su poesía se tornan pensamiento de alto voltaje. Estamos, pues, ante un “poeta a tiempo completo y con contrato de por eternidad”, avalado por algunos prestigiosos premios y más de una docena de libros, entre los que cabe destacar Cáncer de invierno, Casicuentos para acariciar a un niño que bosteza y Elogio del proxeneta. Al menos, estas son sus obras preferidas.

“En Cáncer de invierno inicié una exploración, digamos, premonitoria que después se fue reiterando en otros textos de aquel tiempo y otros más actuales. En Casicuentos para acariciar a un niño que bosteza intentaba contarle a Luis Miguel Jr. -se refiere a su hijo- cosas que no le importaron lo más mínimo, como no podía ser de otra manera. Y en cuanto a Elogio del proxeneta, la vida en rosa”, señala el poeta omañés, que sigue deleitándonos con sus poemas y divertimentos “metódicos”, esto es, su narrativa.

“Podría decir que entre oxígeno y oxígeno me encuentro en un tris de dar por concluidas las últimas estrofas de lo que será en breve el psicodrama musical presentado en cama elástica Don Mariano me irrita lo indecible”.

http://www.diariodeleon.es/noticias/cultura/trato-de-que-mi-poesia-no-se-sirva-fria-_762517.html
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- ¿Qué libro no dejarías de leer o leerías por segunda vez?

-He tenido que dejar de leer muchos libros desde 1997 y ya apenas si sufro por ello. Pero sí recuerdo especialmente la Poesía completa de Luis Cernuda, en Barral, que fue quedando arrinconada y…

- Un personaje imprescindible en la literatura (o en la vida)

-Se llama María Jesús, me parece.

- Un autor o autora insoportable (o un libro insoportable)

-Quiero pensar que no hay autores ni libros totalmente insoportables. Siempre se podrá salvar algún verso, alguna paginita loca, por poco que se escarbe.

- Un rasgo que defina tu personalidad

-¿Perfeccionista?

- ¿Qué cualidad prefieres en una persona?

-Que no hable a voces cuando esté a mi lado.

- ¿Qué opinión te merece la política actual? ¿Y la sociedad?

-Ciertas políticas, comezón continuada, tedio. Demasiado acomodaticia, desgraciadamente, la segunda.

- ¿Qué es lo que más te divierte en esta vida?

-De mi vida no me divierte nada en absoluto. Será que mañana es mucho menos atractivo que ayer, que apuntaba Josepín Brodsky.

- ¿Por qué escribes?

-Puede que escriba para darme pellizcos (en el corazón) y, a pesar de que mi sensibilidad deja mucho que desear, comprobar que aún sigo estando vivo.

- ¿Crees que las redes sociales, facebook o twitter, sirven para ejercitar tu estilo literario?

-Ni por asomo. Servirán para otras muchas cosas, no digo que no, pero para ejercitar con ellas estilos, facebook, que es lo que conozco, lo dudo.

- ¿Cuáles son tus fuentes literarias a la hora de escribir?

-Clásicos como Tirso de Molina y Manolo Caracol, naturalmente.

- ¿Escribes o sigues algún blog con entusiasmo porque te parezca una herramienta literaria?

-Intento seguir unos cuantos blogs de amigos y publico textos ajenos y propios en mi blogín, Más palabras para olvidar (http://luismiguelrabanal.wordpress.com/ ). No sé si es una herramienta literaria o una pérdida de tiempo más que lamentable, pero ahí sigue.

- Una frase que resuma tu modo de entender el mundo

-Son dos y muy cortitas: Cagüendiosla y Viva la República. Cualquiera de las dos me sirve.

http://www.diariodeleon.es/noticias/cultura/puede-que-escriba-para-darme-pellizcos-_762516.html
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También aquí. Gracias, Manuel.

Dos poemas en Ágora Digital

OBDULIA SIN SU AZUL

Quien se sabe de memoria los besos muy huidos
de tanta lujuria, hoy se estremece mejor en su desgarro.
Tuviste que calcular el agobio del bosque cuando abrazabas
a tientas su cintura de muchacha y luego abrir los ojos y jurar
que ese amor sería eterno mientras durase la vida.
Habría aquella vez una gran tormenta que faltaba
a la verdad del augurio y, no obstante, tú ganabas en sus pechos
guerras de mortecinas mariposas y flores de jacinto.
No en vano aquella pasión desconcertada se clavó en tu corazón
como una aguja de tejer recuerdos, ya ambos insensibles
a cualquier ignominia, y eres desdichado con la muchacha
de tu sueño descompuesta previsiblemente en mil trocitos
y fracturada entre los mojados muslos sobre todo.
Porque allí te aguardaba la noche o su impaciencia,
cuando del vello brotaba sólo una barca de velas encogidas
por la edad del navegante y de su reina terrible,
tan lejos aún para las justas efusiones,
y dentro de su cuerpo convivían niñas solemnemente tristes
y estertores en el hotel donde nadie comprendiera el deleite.
Ese amor, ¿para qué sirve? ¿Para qué íbamos a querer ahora
que nos hable de ataduras que fueron a romperse en otro noray
sin ti? ¿Para qué has vivido hasta hoy pero sin labios?
Acostumbras a pensar que el tiempo escribe con tus manos
cartas contrariadas y miras el cielo y llueve entre los árboles.
Es mentira. Algo que tendrías que haber equivocado
al besar su boca y dentro de su boca los grumos de olvido.
Con quién nos moriremos esta noche, Obdulia.

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Si deseas seguir leyendo, aquí. Gracias, Juan.
En el núm. 2 de Ágora Digital, páginas 27-30, me parece.

Recuerdos de Anita

Decía que era muy hermoso hacerlo a medianoche,
cuando más triste es el sonido del tiempo
rondando en nuestra almohada, y entonces, al callar, mordisqueaba
un poco más sus labios granates, pues ella contaba que el amor
es un muchacho ciego que busca nuestra vulva amargamente
y que el deseo termina cuando cambian los turnos
de aquel intrépido conductor de tren tan jovencito.
A veces separaba sus muslos para que el convoy pasase
echando mucho humo, es cierto, pero también piedad,
bocas de espadachines con bastante gonorrea y saliva
de la buena, la que los caracoles abandonan después
de haberse amado con inenarrable usura.
Acabó una noche con aquel ferroviario, tan incólume ella
a sus caricias blandas, y me buscó en los bancos del amanecer
que estaban ya helados y vacíos por desgracia.
Anita, la que le perdonaba al amor casi de todo,
incluidos el desorden, el tabaco y el mal aliento de sus hombres.
Llegó a mi vida completamente sola, es decir, vino
a mi encuentro mas yo tenía fiebre, y yo creo en mujeres
de otro rango distinto: más carnales y menos avispadas.
Nos amamos deprisa en los lavabos del cine y bebimos el aire
nauseabundo del desamor, como si fuera mentira vivir
de espaldas a la realidad brutal de los periódicos.
Decía que era muy hermoso hacerlo a medianoche,
no el amor, se sobreentiende, sino el perverso beneficio
de morir cuando más y más lo has necesitado.

Outsider (o todos mis tutús en vos)

Portada Outsider

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Cómo cantar un poema bálsamo para consuelo de cualquier desconsolado

Recitar es poco
no pronuncies
canta el poema sobre una música nube de fondo silencioso
canta sin articular palabras
solo tu voz
cuerpo voluminoso y torpe
apoyado sobre la barandilla que da al mar
y descalzo sobre tierra aumenta las heridas de tus pies cansados
hasta hacer grietas insalvables hacia el hueso
él es el punto meta donde llegará tu voz
hasta convertirse en amargura ósea
solo entonces tus huesos podrán recitar el poema
en simbiosis de consuelo desconsuelo.

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MJ Romero, “Outsider (o todos mis tutús en vos)”, Camparredonda, Los Cuadernos de Plata, León 2013. Fotografías de Gregorio Fernández Castañón.

Música para torpes en Escrito en el viento

Portada Música para torpes

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CONTRA LA BURLA

Secretos que atesorar bajo el sopor
de la almohada, cocos relumbrones y mixtos.
Más allá del azar, cuando se han superado
ya los años horribles y cuelgan las babas
de la boca y estudian tu creatinina otra vez,
más allá del azar
se esconde el pícaro que atenaza tu pecho
con punzones oxidados y diversos productos.
No supervisan ahora tu sudor, concibes
un mundo de posologías y callejas,
añoras el sueño donde se representa para ti
solamente la muerte.
La casa está en silencio
y el silencio es una aterida luz que no tocas,
alguien, bajo tu ventana, al pasar estornuda.
Por qué tendría uno que confesar su delito
si esperar frente a ti, teñido de lóbrego,
ya es suficiente desorden.
La cama que inquieta con su olor, el vaso
de agua lejano que miras con sed,
con locura,
el escozor de tu postilla que es fuego.
Todo te ha sido entregado
por ese absurdo dios que se estremece
asiduamente, te ha sido regalado
para martirizarte con enorme tesón,
igual que un caballero se cortaría las venas.
Bien, asume tu derrota siquiera,
nos harías un favor si partieses
a la atribulada región de los hipócritas.
Nos quedaría un sabor amargo en la garganta
pero qué más da, si hasta tu aliento
se imagina en estos casos riguroso.

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Para seguir leyendo, Aquí. Gracias, José Ángel. También aquí.

André Breton

Una imperceptible sonrisa atraviesa tal vez su rostro. Curiosamente maquillada como si, habiendo comenzado por los ojos, no hubiera tenido tiempo de acabar, pero con la raya de los ojos tan negra para una rubia. La raya, de ningún modo los párpados (un brillo así se consigue, y sólo se consigue, repasando cuidadosamente el lápiz únicamente bajo el párpado. A este respecto, es interesante precisar que Blanche Derval, en el papel de Solange, incluso observada desde muy cerca, en absoluto parecía maquillada. ¿Será que yo no aprecio lo que resulta muy poco oportuno en la calle y es, en cambio, recomendable para el teatro más que en la medida en que hace caso omiso de lo que está prohibido en un caso, ordenado en el otro? Es posible). Nunca había visto unos ojos como aquellos. Sin vacilar, entablo conversación con la desconocida, admito por lo demás que esperándome lo peor. Ella sonríe, pero muy misteriosamente y diría que como si supiera lo que se hacía, aunque en aquel momento yo no pudiera imaginarlo. Acude, según dice, a una peluquería del bulevar Magenta (digo: según dice, porque al instante me entran las dudas y porque más adelante ella misma había de reconocer que iba sin ningún rumbo preciso). Me habla con cierta insistencia de las dificultades económicas por las que está pasando, pero todo esto, me parece, más bien como disculpa y para explicar mejor la indigencia de su atuendo. Hacemos un alto en la terraza de un café cercano a la estación del Norte. La observo mejor. ¿Qué traslucen sus ojos que resulta tan extraordinario? ¿Qué se refleja en ellos, oscuramente, de infelicidad y a la vez, luminosamente, de orgullo? Es el mismo enigma que plantean las primeras confidencias que, sin que quiera saber más de mí, me va haciendo, con una confianza que podría ser inoportuna (o, ¿tal vez podría no serlo?). En Lille, ciudad de donde es originaria y de la que no se fue hasta hace dos o tres años, conoció a un estudiante al que ella tal vez amó y que la amaba. Un buen día, ella decidió abandonarlo cuando menos se lo esperaba él, simplemente “por miedo a estorbarle”. Vino entonces a París desde donde a veces le ha escrito, a intervalos cada vez más largos y sin darle nunca su dirección. Sin embargo, aproximadamente un año después de aquello se lo encontró por casualidad: ambos se sorprendieron mucho.

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Nadja, Ediciones Cátedra, Letras Universales, Madrid 1997. Traducción de José Ignacio Velázquez.

De incierta memoria

De muchachos era conveniente
tener miedo a la enfermedad
y ruborizarse por todo.
Asustaba
la insoportable tos de los finados,
su voz en cálida penumbra
y sus hijos malditos.
Tanta congoja y tanto dolor
para enseñarnos a morir
más despacio que nadie
y sin que nadie se entere.
Para colmo allí se encontraban
los buenos amigos
y las muchachas que querían
ser viles.

La ventana que se cierra…

Mortajas escan

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La ventana que se cierra
a lo oscuro,
el revuelo de gaviotas.

El pésimo humor del que grita.
Nada que valga de su asco,
abre las venas sin querer
al pesar solamente.

Si la mirada acudiese de lejos,
si todavía creyera en trasgos
que hacen difícil
crecer y ser hombre.

Es sagrado el momento.
Carece de importancia lo demás
que se oculta.

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De “Mortajas”, Eolas Ediciones, León 2010. Ilustraciones de Amancio González. Prólogo de Tomás Sánchez Santiago.

En Apología de la luz

Treinta y un poetas de Asturias

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DE LA SENSATEZ

Existen otras formas de daño.
Se adhieren a la piel
como el fastidio y el liquen,
nacen y mueren con tristeza
y se nos parecen muchísimo.
Cómo si no te explicas la usura
del deseo, la rota luz malsana.
A tu silencio
le sigue un niño que es feliz
sin que puedas evitarlo.
Vivir merece la pena, aprende
esta frase insoportable
que sellará algún día tu regreso.
Vivir los descalabros de la vida.

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Poema de “Asturcones. Treinta y un poetas de Asturias”. Canalla Ediciones, Madrid 2012. Prólogo de David de San Andrés.

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Aquí. Gracias, Jorge.

Poema excluido

El transeúnte horrible escupe
su flema con desdén, advierte el borrón
de luz que cose sus ojos
lo mismo que un disparo.
La tristeza es seccionada de súbito
por alguien que tose y se engaña
en su sollozo.
La lluvia no golpea todavía,
no desazona su miseria,
aún es pronto para presenciar
el oxidado eco de la muerte.
El hombre ha pisado ya los bares.
¿Quién lo culpa
de tanto y tanto dolor?
No se convence y no regresa nunca.