Es terrible estar sola

Ser joven era un fastidio, sobre todo a las doce,
cuando los vampiros merodean avenidas
con fétido aliento de cinzanos y aún en sus uñas penden
colgajos de sostenes, labios sin ninguna sustancia,
e incluso algún que otro maravilloso diafragma.
Ser joven, entonces, y estar sola en casa
esperando a quien hostias sea
y no viene.

Ella tenía el tiempo justo
para vestirse de tahúr y salir al escenario, un café
de medio pelo con jazz rarísimo, un parque no alumbrado
donde disfrutar de la luna de hielo, quejumbrosa,
y justo en su centro, entre tanta hojarasca,
hallar por descuido un corazón recién abandonado.
El suyo, lindísima gardenia.

Es terrible estar sola mientras se sueña que muere
el amor y ya no hay deseo que valga para engañar
al contrario, ese hombre de cejas apartadas
que come de tu útero como si tuviera hambre,
o si no, aquel fulano que espera le confíes tu vida
para terminar con todo.
Sueños así producen calambres horrorosos de cintura.

A menudo también se equivoca una de habitación
y es el paraíso y es prematuramente de día.
Qué importa el rosa vestido que no lleva puesto.

Veinticinco años de

PLAF EN LA COCINA

Claro que te vi con los enormes ojos de la noche
saber la saliva perfecta de los cuerpos,
esa certidumbre
del que vuelve a llorar las horas muertas,
y después el amor no tiene nombre,

sólo un principio que besa en tus labios los días
sin temor a nadie, como la flor que el deseo
reseca en nuestra boca
porque hace tiempo que nos ama.

Alguna vez nos faltará la sombra que alumbra
en tus brazos como promesa fiel,
y yo estaré contigo.

De “La última vez”, Ajimez libros, Gijón 2000.

Tres inhalaciones en el blog de Rafael Escobar Sánchez

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Tres inhalaciones, tres calas en una escritura que apuntala su singularidad en el panorama lírico actual y, lo que es más importante, su calidad, en la riqueza poliédrica de su estilo, un hermetismo que traza una escritura exigente y a la vez participativa para el lector a través de una expresión vocacionalmente imprecisa que abre el poema a la diversidad de lecturas e interpretaciones y una aceptación decidida del riesgo de la experimentación, un posicionamiento, casi más ético que estético, fundamentado en la continua reinvención y el socavamiento de las propias certezas artísticas antes de que puedan convertirse en tópicas.

“Las luces largas” destaca por su intensidad de sugestión descriptiva, el talento para la creación de una atmosfera de densa irrealidad dramática en que la naturaleza y la escenografía inquietante del nocturno introducen la recreación en la proximidad de una agonía y una muerte que no se saben si son las del poeta o, en cualquier caso, certeras máscaras de alteridad para ahondar en la propia. Y ese es precisamente su gran logro: la ambivalencia de perspectiva, cierta ambigüedad deliberada entre una distancia objetiva, una frialdad de análisis científico o policial, de mirada inmunizada o vuelta a la asepsia emocional en su contacto cotidiano con la atrocidad y una profundización íntima de monólogo de cadáver rulfiano (…podría ser tu cuerpo aferrado a los grilletes de mi cuerpo (…) /Creer lo ajeno/como propio, sobrecogerse/en la prolongación/adversa…), trazando un bucle desquiciado en que se funden el peso de las ausencias, el miedo o el propio menosprecio y la conciencia de la derrota, grietas entre las que se va filtrando una serenidad que se dilata a medida que se hace patente el acecho de la nada (Morir no tiene por qué/ser diferente a pasar/las aguas con cautela).

“Pequeña galería de poetas sin reloj” supone más que un sugestivo cambio, una amplificación de registro en que la irracionalidad que constituye el cimiento estilístico del autor conserva la heterodoxia, la fluidez creativa (y, mejor aún, libertina) de la imagen (especialmente patente en textos como “Gottfried Benn se saca un poema de la manga”) pero integrándola en una estructura verbal de dicción menos hermética, más asequible, que tiene su valor fundamental en la ironía, un humor contaminado por cierto escepticismo y rendición al desencanto que, desde una perspectiva de deliberado distanciamiento impersonal más propia de un tratado enciclopédico que de un poemario, pone en pie un implacable muestrario de miserias consustanciales al “ser lírico” en que se entralazan la mordacidad contra la incompetencia vital, el infantilismo que quiere disfrazarse de encanto naif o inocencia subsistente, el patetismo de pervertir la espontaneidad en favor de la pose (“Unica Zurn se entretiene con muñecas y trapos”), la complacencia del servilismo ante los “consagrados” (“Victoriano Crémer no se acuerda de mí”), la falacia de su vocación subversiva, el solipsismo o la predisposición morbosa a la melancolía del poeta, (“Efraín huerta se retracta de todo”, “Un tal Jaime Gil nos habla cada día”) a veces con un punto de goce lúdico en el autodesprecio que remite a Pessoa y al más cáustico de sus heterónimos (Álvaro de Campos, claro, quien podría haber firmado un texto como “Philip Soupault se asusta por poco”, poema excelente por su mirada incisiva y desmitificadora contra tópicos sobre la percepción del poeta por parte del “profano” en el mundo literario como el miedo al “acecho apocalíptico” que parece presagiar labor tan poco respetable y enemiga de la sensatez del o su búsqueda patológica de la excentricidad en una continua huida de la mediocridad que se considera definitoria del hombre común.)

“Un poema de amor” resulta ya escalofriante desde la ironía trágica de su propio título, no elegido con cinismo sino desde el desencanto aún peor que constituye la certeza de la imposibilidad de la comunicación y la negación de un espacio de afectividad inocente y depurada del miedo en que pudiera asentarse la vida. Y aquí nuevamente nos fascina la versatilidad de registros, el énfasis en la potencialidad expresiva del lenguaje por medio de una palabra de arista dura, bronca, de dramática y sucia inmediatez frente a la cadencia lírica con que se sugiere una vivencia amorosa que pertenece a la literatura y no a una realidad humana donde no es transplantable su idealismo pero que la sentencia como el error más humanamente justificable a causa de la imposición de la soledad (ha ocurrido porque la realidad la desgracia/escuece asentirla nos impone soñar/con un tiempo más fértil/en disculpas más dulce que nuestro candor/al sonreír abrazados como las pequeñas/que no confían en jamás jamás/escribir con sus dedos manzanas sorbetes). Víctima y verdugo alternan sus voces, tejen una confusión perturbadora que alientan el terror de una (me dan ganas de marchar me dan/ganas de tirarme a los coches/me dan ganas de coger el cuchillo/clavarlo en tu boca por favor no lo hagas abriré así las piernas) y la atrocidad del otro sincopada por la honestidad del reconocimiento de la culpa y su tentativa de expiación en la lucidez sobre la propia debilidad (no me veas con odio/no soy ruin como insinúan afuera/me mortifican tus ojos si miras a alguien) para ir trenzando una corroboración lenta y progresivamente agónica de cualquier probabilidad de redención en lo erótico (y el amor que destruye/lo que sabía acertar aquel rostro/incapaz de abordarse en la incipiente serenidad/al salir a la glorieta de los ajenos no es extraño/comprobar que el deseo se enfrenta al deseo/de alguien que estorba), que queda sellada en la efectividad lapidaria de las últimas líneas (pégame duro da igual/ya no siento nada debo de estar muerta), cruda evidencia de que el dolor solo remite en el instante simultáneo en que culmina la rendición de la vida que ha asolado.

En definitiva, tres partes de factura dispar pero semejante en su coherencia y su apuesta por la radicalidad, que conforman el testimonio de resistencia de una escritura arriesgada, necesaria en un momento histórico y literario en que la palabra se precipita al desgaste, a esa monocordia de su domesticación por el pensamiento estándar que la implacable precisión del maestro Valente llamaba “arte de la poesía ejercido a deshora como una compraventa de ruidos usados”.

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Gracias, Rafael. http://rafaelescobarsanchez.blogspot.com.es/2014/08/luis-miguel-rabanal-tres-inhalaciones.html También aquí: http://astorgaredaccion.com/not/5793/tres-inhalaciones/

Tres inhalaciones en Resumiendo

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LA HELADERÍA, por Jose Angel Garrido

La primera vez que entré en una heladería, lejos de parecerme un paraíso, me provocó una sensación incómoda:

De un lado el derroche de color y sabores. Al otro, y sólo en mi cabeza, una gran incertidumbre a resolver en un tiempo que no sobraba.

Debía elegir.

Allí se encontraba la heladera con su uniforme blanco, inmaculado, con mi cucurucho de galleta vacío de intenciones en la mano izquierda y el funderelele en la derecha, aguardando órdenes.

La mayoría de las veces, la frustración la producía el descarte y el rechazo a algún sabor que durante épocas me había acompañado siempre. Esa vez tocaba vivir sensaciones nuevas.

Luis Miguel Rabanal, en su libro Tres inhalaciones, me ha evitado tener que aparcar en la lectura ninguna sensación y conjuga en sus tres partes, los colores y sabores necesarios para disfrutar de una experiencia mas que notable.

La primera parte, “Las luces largas”, aporta en su texto el amargor de un chocolate intenso y puro que si se funde a la temperatura justa, puede dar cobertura a un interior de experiencias personales.

“Pequeña galería de poetas sin reloj”, tiene una gran carga de cítricos. Refrescante, pero incisivo. En cada poema se aprecian los matices de acidez mezclados con la autocompasión.

En la tercera y diferente “Un poema de amor” hay un sabor a vainilla intenso en su narración que nos define la manera de amar mas cruel. Sabe a dolor.

En definitiva, cojan el “cucurucho” de la portada de esta gran obra y procuren colmarla con los sabores que nos propone, sin tener que renunciar a ninguno.

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Gracias, José Ángel. https://palomasdehumo.wordpress.com/2014/06/24/tres-inhalaciones-de-luis-miguel-rabanal/

Tres inhalaciones en Filandón

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Dos libros, dos poetas / JOSÉ ENRIQUE MARTÍNEZ

(…)

En cuanto a Luis Miguel Rabanal, el título Tres inhalaciones alude a las tres partes del poemario, muy distintas de tono y modo. La primera, «Las luces largas», deslumbra, en efecto, como ofusca y confunde la luz larga en carretera. Son poemas crípticos, y el lector no acaba de descifrar el enigma: «A la orilla de la noche / un cuerpo estrecha los / indicios». ¿Indicios de qué? Todo vaga en un ámbito tan misterioso como la noche. Seres sin nombre: alguien, el otro, quien tarda en venir… Sujetos de difícil definición, acaso porque, como dice el poeta, «el contexto es oscuro». «Pequeña galería de poetas sin reloj» se titula la segunda parte, refiriéndose a poetas de hoy y de siempre, como Ajmátova, Gamoneda*, Cernuda, etc. Cada poema parte de una cita y alza el vuelo en libertad imaginativa y libre fluencia verbal muy atractiva. El poema autobiográfico «Victoriano Crémer no se acuerda de mí», poetiza los encuentros y desencuentros entre el poeta joven y el consagrado. La tercera inhalación es un «Poema de amor» en fragmentos que alternan la violencia y el lenguaje de la calle con la meditación amorosa de mayor alcance lírico. Es el contraste lo que le da carácter, y lo que da carácter también a un libro de muy distintas secciones como he dejado ver.

Luis Miguel Rabanal, Tres inhalaciones, Amargord, Madrid 2014. 108 pp.


* El reseñista debió de equivocarse porque en ningún momento se escribe de Antonio Gamoneda ni de ningún otro poeta vivo, excepción hecha del Panayoti ese, que no se sabe muy bien si vive o si no vive.

Un poema inédito de Alicia Millán

UN DÍA NACÍ INVOLUNTARIAMENTE…

un día nací involuntariamente
durante un tiempo
no recuerdo
hay sonrisas en las fotos
y un niño gritó
¿quieres salir conmigo?
y salí
corriendo

mi abuelo tenía una bandurria
y música y pájaros en las lágrimas
y lloraba yo
si se marchaba mi madre

un tío lejano de repente me dijo
que ya me había caído de la cama
reía, yo no sabía
pero me gustaba sonreír
y sonreía
todos reían
-después pregunté-
(qué importancia tan grande dan
a que los pechos crezcan)

y ya adulta
leo camino me quedo pensando
y aún a veces vivo
involuntariamente
-no hoy-
aunque el sol se haya ido
a otro poema

Alicia Millán

Un poema improcedente

Cuerpos que huyen
y en el fangal se aferran a otro cuerpo,
exacto escalofrío que recorre
la piel de sus muslos y los rasga.
Filos por doquier para abrir las venas.
Cuerpos perfectos de muchacha
inverosímil y rendida,
vendidos al azar.
Acaso te asuste la semejanza
que te niega la tarde
con la tierra manchada
de vómitos y aceite.
Cerca de ti el mar retumba confundido.
Afuera hay más cuerpos
dibujados de mugre
como el tuyo
que se abalanzan a los coches sin temor.
Aléjate del fuego y cierra bien los ojos.
La casa se estremece.

Vídeos de primera 26

Lectura del poema “Camino de Ceide” por Daniel R. Puente y Jorge de la Rosa.

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CAMINO DE CEIDE

De la mano de la infancia, vistiendo los frutales
con mi intemperie y llovizna.
Dentro de las casas ya habita el invierno, su túnica
es triste como el murmullo que pasa a mi lado,
paseando la tardecina pleno de nostalgia y de nubes.
En este camino, una vez, besé los labios radiantes
de una niña llamada ternura.
Apenas recuerdo el color de sus ojos, las ramas
de su lengua. Tan sólo sé que fue hace tiempo
de este atardecer de soledad y de frío.
Dentro de las casas se vacía la leña, y alguien,
acaso sea un hombre muy roto, remueve en sus manos
la furia del espejo y olvida las horas.
Camino de Ceide que conduce a la noche.

De “La memoria buscando sus disfraces”, Barrio de Maravillas, Valladolid 1986

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La memoria buscando

Tres inhalaciones en Trianarts 2

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ÁLVARO MUTIS APROVECHA AL MÁXIMO LOS ECLIPSES DE SOL

Nada ocurre.
Á. M.

El viajero pretende ser reemplazable, en sus ojos
golpea la brisa y no tardaremos en llegar al borde
de una tierra no menos frágil
que el azar o el delirio,
el viajero es odioso.

A sus espaldas un rumor significa que vendrá
el infectado a regalarle su grima,
a intercambiar cromos como si fuera el creador
del último vómito.
El viajero vagabundea con lenta sordidez,
pronto la bruma resecará las palabras.

El viajero sonríe y sonríe.
Las muchachas más mustias son las que se sientan
ante ti a contemplar tu quejido, a morder
con denuedo las horas incansables y heladas.

No está el viajero a gusto en su silla.
No está el viajero a gusto con su gabán
del color de la gangrena y la rabia.
A veces no es tan simple volver a medir la distancia
entre ayer y la calle.

El viajero se abraza a la muerte,
se abraza a la vida, con gestos tranquilos.

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Gracias, Concha. http://trianarts.com/luis-miguel-rabanal-alvaro-mutis-aprovecha-al-maximo-los-eclipses-de-sol/

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